viernes, 8 de noviembre de 2013

El lenguaje de los ojos

Dicen que los ojos son el espejo del alma. No queremos entrar en debates místicos al respecto, pero no obstante, desde un punto de vista estrictamente científico, hay que decir que nuestra mirada sí puede delatar nuestras emociones.

Todos sabemos que las pupilas se dilatan o contraen en ausencia o presencia de luz respectivamente, así, por ejemplo, cuando estamos en un lugar oscuro y nos sacan una foto, es probable que aparezcamos con los ojos rojos, pues nuestra pupila se ha dilatado previamente a la foto para captar la máxima luz posible. (Un truco: mira directamente a un foco de luz justo antes de que te saquen la foto, bueno, con cuidado, no te me vayas a quedar ciego!!)

Sin embargo, lo que mucha gente desconoce es la relación existente entre el estado de dilatación de las pupilas y las emociones que estamos experimentando.

Así, por ejemplo nuestras pupilas se dilatarán cuando estemos en presencia de alguien que nos resulte atractivo, o cuando de repente sintamos miedo. Así, tenemos una visión más nítida de nuestro centro de atención. También, por ejemplo, se dilatan las pupilas de los bebes (parece ser que para hacerlos más atractivos) cuando quieren reclamar la atención de alguien, para que les coja. Son reacciones del sistema nervioso simpático, digamos que como respuesta a una situación "positiva".

En situaciones contrarias, por ejemplo cuando estamos taciturnos, irritados o negativos, nuestras pupilas se contraerán.



Ahí va una pregunta trampa gramberra: Ese chico que sale a tu lado en la foto, ¿por qué sale con los ojos rojos?:

a) Estabamos en un bar, muy oscuro, y tiene los ojos muy grandes

b) Ha debido de beber un montón, y vete a saber tú qué más...

c) Pues va a ser que le gusto!!! y yo sin darme cuenta!!!

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miércoles, 6 de noviembre de 2013

Arenas movedizaaaaaas

Recurrente recurso en películas o libros de aventuras, las arenas movedizas siempre aparecen ahí, cuando menos te lo esperas para engullir al malo, o hacer pasar un mal rato al bueno hasta que consigue encontrar algo a lo que agarrarse o el caballo de turno tira de él hasta rescatarlo heróicamente.

Pero, ¿existen realmente las arenas movedizas? ¿o sólamente se trata de un ardid hollywoodiense muy trillado?

En el caso del mal aliento, podemos recurrir al uso de sales de zinc o estaño que ayudan a eliminar las bacterias que producen el metilmercaptano.

Bueno, al parecer, existen sí, aunque la realidad es muy diferente a como se nos presenta en las pelis. En la vida real, el malo seguiría dándonos problemas, puesto que es imposible que las arenas movedizas puedan llegar a engullirnos.

Estas "arenas", en realidad no están compuestas de arena como tal, sino de arcilla. Se caracterizan por presentar gran separación (huecos) entre las partículas que las componen, de modo que el rozamiento que aparece cuando pisamos cualquier superficie, en ellas es mínimo, y se comportan más bien como un líquido viscoso que como un sólido. En cualquier caso, no nos hundimos por completo, pues la densidad de nuestro cuerpo es menor que la de ellas, y como mucho podríamos hundirnos hasta la cintura.

La sensación al pisarlas es similar a la que experimentamos en las zonas próximas a la orilla de algunas playas, cuando la marea está bajando. Si nos quedamos un rato de pie, los pies se nos hunden un poquito, ¿no? De hecho, estas arenas se forman en orillas de ríos profundos, en pantanos, playas con gran actuación de mareas, o lagos.

De todos modos, no nos despistemos, porque aunque estas "arenas" no vayan a engullirnos sí podríamos estar en peligro en algún caso puntual, si nos descuidamos, quedando atrapados y sufriendo inanición, insolación o ahogamiento por subida de una marea cercana.

lunes, 28 de octubre de 2013

Olor de pies: como funcionan las plantillas antiolor

Cuando notamos que alguien "huele mal" se debe a que esta persona emite una serie de moléculas que percibimos en nuestros sensores olfativos, cuya sensibilidad es asombrosa. No obstante, cuando somos nosotros mismos los que emitimos el olor, puede que no seamos conscientes de ello porque nuestros sentidos se saturan, los sensores se acostumbran al olor y ya no lo detectan.

Es lo que sucede por ejemplo con el mal aliento, o el olor de pies. La sustancia responsable de este desagradable fenómeno (aunque también otras entran en juego) es el "metilmercaptano". Éste se forma en la boca o en los pies bajo determinadas condiciones por la acción de bacterias que provocan la descomposición de ciertas proteínas.

En el caso del mal aliento, podemos recurrir al uso de sales de zinc o estaño que ayudan a eliminar las bacterias que producen el metilmercaptano.

En cuanto al olor de pies, suele ser más útil recurrir a plantillas con carbón vegetal, que insertado en ellas en forma de pequeños granos, absorbe el metilmercaptano evitando que pase al ambiente.

viernes, 25 de octubre de 2013

¿Por qué el agua sabe dulce después de comer alcachofas?

Desde siempre he notado que cuando comía alcachofas, al echar un trago de agua ésta me sabía dulce, y creía que eran cosas mías porque soy muy tiquismiquis con los sabores y el resto de personas a mi alrededor no se percataba, o que tal vez las alcachofas contenían "glucosa" o algo así en cantidades ingentes, que producían este efecto. Pues resulta que no era eso, pero tampoco eran imaginaciones mías aunque el quiz de la cuestión es un juego de percepciones que tiene lugar. Al parecer sí que se produce este efecto, y cómo no, tiene un porqué.

Resulta que las alcachofas contienen sales de ácido clorogénico y cynarina. Ésta última, además de conferirle un sabor amargo, inhibe durante su ingesta la percepción de sabores dulces de nuestras papilas gustativas. Así, al tomar a continuación agua y "lavar" las papilas de este componente, nuestros receptores gustativos vuelven a funcionar de forma brusca, por lo que envían a nuestro cerebro una señal de sabor dulce que no tiene lugar, en realidad.

Si es que vaya malas pasadas que nos juega nuestro cerebro a veces...